jueves, 10 de febrero de 2011

Mañana hará una semana desde que salí del hospital, reconozco que tras esa semana encerrado todo parecía brillar de manera especial, abocado por la libertad no aparecía la depresión por ninguna parte. Sentía la fuerza para obviar mi último mes de depresión, mi flirteo con la muerte y toda la serie de lastres que caracterizan a alguien con la autoestima baja.

Otro de los hitos temporales que hoy puedo celebrar (OH tempus fugit) es que llevo medio mes manteniendo mi fortaleza en lo que se refiere a abandonar el uso del cannabis, aunque os parezca mentira no ha sido tan fácil permanecer aislado de su consumo, uno podría pensar, ahí en casa de su padre una semana es más bien fácil, y la otra semana es en el psiquiátrico.

Pues bien, el psiquiátrico estaba lleno de fumadores clandestinos, que escondían el material de las formas más imaginativas y me resultó a veces difícil huir de la tentación y a su vez, difícil hacerme explicar para decir que aquello me suponía un peligro más que el beneficio momentaneo que podía sacar, por dar dos caladas o tres o seis.

También recuerdo con cariño, un viaje a Logroño con mi padre, en el que uno de los objetivos era deshacernos de todo material de consumo, ya fuera tabaco o el propio consumible, en su forma de planta o en su forma procesada o hachís. Lo gracioso del asunto es que aparecían restos y pequeños alijos por todas partes. Ahora lo vivo con comicidad pero me doy cuenta de que era un hábito enfermizo y que sentir en algún momento que podía verme desprovisto me generaba estrés y malestar.

Son días extraños estos, en los que en un primer momento parece que las horas me van a comer y no sé que hacer, y al final me veo envuelto en el frenesí de los roles de la casa, entre que me obligo a hacer y recoger comida y cena, ayudar en lo que pueda, gestionar el bienestar y los cuidados básicos de la abuela... Llega el final del día y siento hasta el cansancio de las tareas de cada día.

Pero repito, son días extraños puesto que estoy aislado en un pueblo (no tengo carnet y las comunicaciones son las justas) y mi única compañía, aparte de vosotros, mis amados compañeros virtuales, son mi padre, que no es un tipo fácil, que arrastra el poso de estrés y cansancio de mis días de vorágine más su trabajo y que aparte no es la persona más estable del mundo (le dedicaré unas lineas ahora); y mi amada AMADÍSIMA abuela, que me colma de cariños pero con quien no se puede conversar pues padece de demencia senil, y aunque sus analíticas corporales son mejores que las mías, la pobre se encierra en bucles de falta de memoria, le es imposible saber en que día vivimos etc...

Se supone que estoy aquí ahora para recuperarme y recobrar fuerzas pero este a veces no es precisamente el hogar de la cordura y de los sanos hábitos familiares, aunque por otro lado, ¿cuantas familias pueden presumir de serlo? Al menos aquí estoy acompañado, bien abastecido, y cuento con pequeños momentos de ánimo.

He de agradeceros, a vosotros y a muchos que puede que no lean esto, que como setas hayáis aparecido de la nada en estos días para hacerme un gesto de ánimo, una valoración positiva, intentar darme un consejo o solo darme conversación. No tiene precio todo esto.

Aquí también Voy a hablar de Lou, la compañera de amores y aventuras de mi padre desde hace unos años, quien sin ninguna obligación ni compromiso, nos aporta en casa un toque de frescura especial, una mujer a quien la vida le ha hecho ser y sentirse más independiente de lo que se merece, con una mentalidad positiva, una visión originalísima y a la vez lógica del mundo y de lo que nos rodea, y que me ha hecho sentir que nada sucede por que sí. Mi padre, a veces no sabe darse cuenta de que como las orquideas y los objetos delicados y sutilmente afinados, la forma de acercarse a ella no puede ser pedir siempre su compañía. Bueno, Solo quería nombrarla porque me ha ayudado mucho y varios días de mi estancia en el hospital se ha pasado 3 horas hablando conmigo y haciéndome las tardes más agradabls y llenas de su magia.

Mi padre, todo un hombre con mayúsculas, ¿Por qué aunque el no lo merezca hay veces en las que no le soporto? Parece ser que la antigua idea freudiana de que una generación tiene que negar a la anterior para prosperar es cierta y el tiempo y estudios recientes lo han corroborado. Los que dicen mi padre/madre es mi mejor amigo/a están equivocados. Como muchas veces he dicho, mi padre es ahora uno de mis héroes, nunca había podido imaginar que de los 50 a los 60 alguien pudiera experimentar un crecimiento personal tan inmenso(ahí me siento responsable, y creo que Lou también ha ayudado inmensamente).
Sin él es probable que yo estuviera muerto o incluso en la cárcel, de ahí que lo de héroe no vaya tan desencaminado. Lo que creo que ocurre es que en nuestro pasado común hayamos generado entre nosotros una serie de deudas impagables, que nos harán mantenernos unidos toda la vida. Amo a mi padre, pero a veces la rabia me puede y todas las cosas que creo que me debe afloran violentamente y cargo contra él. Creo que a él le pasa un poco parecido conmigo. Ya que no podemos ser amigos del todo y que somos padre e hijo, nos consideramos parte de una empresa común, que es el mantenimiento de esta micro-familia cuyo fin es nuestro bienestar y los cuidados de la abuela. A veces es difícil.

En esta etiqueta de la que os hable, enfermedad crónica dicen algunos, en esto del trastorno bipolar que me han diagnosticado, en el que yo me siento mas cercano siempre al polo depresivo depreciativo, me ha gustado encontrarme con gente con otro tipo de problemas, pero con los que puedo hacer analogías. Pongamos como referencia a este tipo de enfermos que se miran al espejo y se ven mal, feos, gordos. Pues bien, me ha confortado sentirme identificado con esa sensación de que yo tengo una visión de mi mismo en la que oculto todo lo bueno que hay en mi y paso de la autocrítica positiva al autodesprecio, y a la sensación de que soy una persona prescindible, una persona en la que una vez deshojadas todas las capas de depresión encontraríamos a un despojo que no se merece ni vivir.
Una vez más no es la reflexión fácil de "mal de muchos, consuelo de tontos", es darse cuenta de que el cerebro nos engaña, nos juega malas pasadas y que hasta la belleza mas especial (esto va por una belleza que conozco) es capaz de verse fea. Encontrar esa analogía me ha ayudado mucho, y si tengo que convivir con ese espejo deformado, pues buscaré la manera de que aflore algo que lo tape y lo maquille hasta que pueda romperlo y poner uno bueno.

En estos días tengo que reconocerme ciertas características positivas, y por qué no, voy a enumerar algunas: creo que tengo sensibilidad culinaria, creo que soy bueno identificando las cualidades y problemas de los demás, que soy bueno hablando cara a cara y expresando emociones, creo que tengo empatía animal. Me considero comunicativo y con capacidad para actuar con frialdad en situaciones límite. Todo eso cuando estoy bien. Con este párrafo quería hacer un ejercicio para romper ese espejo deformado.

Por cierto, para los que no conozcan los sintomas de la depresión, en momentos muy duros yo he llegado a no reconocerme en el espejo, literalmente, y como sentía que mi cerebro estaba pudriéndose, he llegado a ducharme repetidas veces y olerme a podrido. Hasta allí llegan los problemas y trampas en los que la cabeza nos sitúa.


Entre otras cosas que me alegran, y como penúltimo párrafo, está Marisa, mi nueva sobrina, que si no me equivoco nació hace más o menos 2 semanas, que es preciosa. Aunque esté lejos y sea una cría, ya la quiero y le deseo lo mejor. Sé que está bien cuidada y eso me conforta. Besos para mis hermanos de Melbourne.

Creo que esto es todo, mandadme un mail para daros un premio a los que os hayáis leído todo esto. Os quiero Y Bueno, estoy deprimido, Bipolar, desintoxicandome, pero me siento mejor y más lleno que hace un mes. Y en gran parte es gracias a vosotros. Jefa, Javi, Naiara. Me han llenado los comentarios que dejasteis en el artículo anterior...

2 comentarios:

  1. Querido, querido, querido Eduardo:
    Me gustaría que por un instante (o por muchos, lo dejo a tu elección), te metieras en mi cabeza, para que vieses cómo te veo yo, cómo te he visto siempre, cómo te siento...siempre, siempre cariño, dulzura, calidez, amabilidad, tus ojos siempre han dicho eso... así te siento.
    Esta entrada, es magnífica, te miras por dentro: eso es inteligencia (olvidastes meter esta en tu párrafo), y eres generoso y valiente, para voltearte y regalárnoslo a los demás.
    Increíble cada palabra, cómo las pones, como se te siente, eres cristalino: qué curiosos son los espejos, Eduardo.
    Volveré a leerte, me encantas todavía más que antes, tú y tu esencia: deprimido, bipolar, vives y expresas la vida, te lo estás currando, sin perder de vista a tu microsistema, dándote hacia afuera, buscando puertas, mirándote desde diferentes ángulos y a los demás. Me has dado una clase de vida, primo, una clase amor, te debo una! :o)
    Y te doy un abrazo "Loma style" y muchos besos con ruido!!!
    Estoy muy, muy, muy orgullosa de tí, cuenta conmigo, príncipe!!!

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